About the sadness of not being home for Christmas | Sobre la tristeza de no estar en casa por Navidad

About the sadness of not being home for Christmas

Because this year I am in Peking and not in Barcelona, an estimate of 9000 km away straight line distance and flying over all these countries that end with -tan. And after almost four months, the distance that keeps us apart is not nice anymore, now it stings and gives me a migraine. I don’t have any wall socket near my bedside table, and only hipsters have alarm clocks on their bedside tables, so I plug my phone next to my desk. Every morning, when it goes off, I slowly get out of my bed so I don’t feel dizzy and I go to my desk, with my brain still in the REM phase, to turn it off. I hate the sound of the metal against metal when I draw my bedroom curtains open, by the way. And in this moment, I remember that I am not at home because at home the curtain rod is made of wood. I usually sit on my chair, I say good night to him because he is half a world away, I turn on the crappy VPN I purchased when I arrived in China and I check Instagram for a while because it is the only moment in the whole day that our Wi-Fi works tolerably well. I drink a bit of water so I can get the PM 2.5 taste out of my mouth, and I look out the window. The cold breeze and the pollution sneak in through the window frame and I, without my coffee or my chocolate, look at the calendar. December, 22nd. Someone please tell Time to stop running so fast, please. I am without coffee and chocolate, Time, what else do you want from me. But I thought I wouldn’t miss Christmas, so why is it that, for the last month, I have been looking at the calendar and thinking look, just a few days left. I think it’s because at home Christmas dinners have always been legendary. Last year’s even more so because it was a lazy Christmas dinner, but nobody has to know about it, and what I told everybody was half of the story, and that’s what’s memorable about it. But this year I have no Christmas dinner, not even a lazy Christmas dinner. I don’t have a Christmas tree, either. My home’s Christmas tree is the fairest of them all, by the way. But I don’t have it this year. This year, at home 2.0, I have three air purifiers scattered around the apartment and dirty clothes in one of the corners of my room. Where is my Christmas tree. I mean mine, if it must be one bought on the Internet I don’t even want to look at it, I want mine, the one that on top has a heart instead of a star. And where are my beach and my train station, because in the morning I need the sound of the waves crashing against the sand and not the noise of a diesel car engine or old tuk-tuks. And where is my mother. She used to come back home late at night and we would sit at the kitchen’s table and be flatmates and fix the world. And where is him, because my spring mattress is caving in the center now that he doesn’t sleep with me anymore. All of that is at home, and when I look out the window because Instagram is not refreshing anymore I know I’m not at home. But maybe what makes me sad isn’t not being home for Christmas, but knowing that after the holidays it will still be half a year until I go back. Home. My home. The real one.


Sobre la tristeza de no estar en casa por Navidad

Porque este año estoy en Pekín y no en Barcelona, a unos 9 000 km en línea recta y pasando volando por encima de todos los países que acaban en -tán. Y después de casi cuatro meses la distancia que nos separa ya no es agradable, ahora pica y me provoca migraña. No tengo ningún enchufe cerca de mi mesita de noche, y solo los modernos tienen relojes com alarma en la mesita de noche, así que enchufo mi móvil al lado de mi escritorio. Cada mañana, cuando suena, me levanto de la cama con cuidado para no marearme y me acerco, todavía con el cerebro en la fase REM, a apagar la alarma. Odio el ruido del metal contra el metal cuando descorro las cortinas de mi habitación, por cierto. Y aquí es cuando ya me acuerdo de que no estoy en casa, porque en mi casa la barra de las cortinas es de madera. Normalmente me siento en mi silla, le doy las buenas noches porque le tengo a medio mundo de distancia, enciendo la inútil VPN que compré cuando llegué a China y miro Instagram un rato porque es el único momento del día en que el wi-fi de casa funciona medianamente bien. Bebo un poco de agua para sacarme el sabor a PM 2.5 de la boca, y miro por la ventana. El aire frío y la contaminación se cuelan por los marcos de la ventana y yo, que estoy sin café y sin chocolate, miro el calendario. 22 de diciembre. Que alguien le diga al tiempo que deje de correr tanto y tan deprisa, por favor, que estoy sin café y sin chocolate, tiempo, qué más quieres de mí. Pero yo pensaba que no echaría de menos la Navidad, así que por qué hace un mes que miro el calendario y pienso mira, ya faltan solo unos pocos días. Es que en mi casa la comida de Navidad siempre ha sido mítica. La del año pasado todavía más porque fue comida de vagos, pero nadie tiene por qué saberlo, y yo lo que le conté a la gente fue la mitad de la historia, y esa es la gracia. Pero este año no tengo cena de Navidad, ni siquiera cena vaga de Navidad. Tampoco tengo árbol de Navidad. El árbol de Navidad de mi casa es el más bonito de todos, por cierto. Pero este año no lo tengo. Este año en mi casa 2.0 tengo tres purificadores de aire repartidos por el piso y ropa sucia en una de las esquinas de mi habitación. Dónde está mi árbol de Navidad. Pero el mío, que si es uno comprado por internet no lo quiero ni ver, yo quiero el mío, que en lugar de una estrella en su punto más alto tiene un corazón. Y dónde están mi playa y mi estación de tren, que por la mañana yo necesito el sonido de las olas del mar chocándose contra la arena y no el ruido de un motor diésel o de un tuk-tuk viejo. Y dónde está mi madre, que llegaba a casa de trabajar a las tantas de las tantas y nos sentábamos a la mesa de la cocina a hacer de compañeros de piso y a arreglar el mundo. Y dónde está él, porque el colchón de muelles de mi cama se está hundiendo por el centro porque él no duerme conmigo. Todo esto está en casa, y cuando miro por la ventana porque Instagram no se carga sé que no estoy en casa. Pero quizás lo que me entristece no es no estar en casa por Navidad, sino saber que cuando pasen las navidades todavía quedará medio año para volver. A casa. A la mía. A la de verdad.

G.

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6 comentarios en “About the sadness of not being home for Christmas | Sobre la tristeza de no estar en casa por Navidad

  1. Hola Gabri, no sabes lo identificada que me siento con lo que has escrito.
    Llevo días pensando en que se acerca el día 25, en la mítica cena de navidad que hice con mi familia el año pasado después de habérmela perdido el año anterior cuando estaba en Taiwan… y que ahora mismo lo daría todo por volver a casa aunque fuesen dos días, para estar con ellos e inflarme a polvorones, turrón y todo lo que no he podido comer en varios meses. Mi host family ha puesto un árbol en la sala de estar, pero es como si no hubieran puesto nada. Por mucho que se empeñen en decorar los centros comerciales con santa claus y árboles con bolas enormes, el espíritu navideño en China no existe… Es una mierda y creo que todos los extranjeros viviendo aquí lo pasamos igual de mal, pero por lo menos luego viene el año nuevo chino, que aunque no es lo mismo, sirve para compensar un poco.

    Saludos y ánimos! Nos leemos 🙂

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    • Hola, Nerea! :’) Ay, es que a veces se hace tan difícil… E incluso aunque todo vaya bien y no tenga problemas y esté cumpliendo mis sueños a veces necesitaría mi cocina en Montgat y a mi perro y mi cama y mis libros y mi pan de payés tostado u.u No dejan de ser cosas que forman parte de mí, y a veces siento que de veras lo he tenido que dejar todo para venir aquí y me dan unas ganorras de llorar que ay hahahaha. Pero el que algo quiere algo le cuesta, como dicen, así que… A apechugar.
      Espero que todo te esté yendo fenomenal :’) Besos besos :3

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  2. Y resulta que tu madre lee esto mientras está en un bar comiéndose una ensalada de atún y de repente….. me brotan las lágrimas. La camarera que me conoce me pregunta q me pasa y se lo cuento.
    Le cuento que el amor de mi vida está a tomar pol culo de mi , que se está matando por dentro de respirar mierda , que no sé si duerme y come bién , que el jodido vértigo no lo deja vivir , que no tiene árbol de navidad , ni siquiera uno fabricado con latas de coke y que este año por primera vez en 22 años no tendremos nuestra cena mítica de Noche Buena. 😢
    Y que si pudiera enviaba a la mierda todo y me pillaba un avión para verle y poder abrazarle ni que sea un minuto , un abrazo de esos que parece que te van a romper por dentro pero lo que hacen es recomponerte el alma.
    Hay hijos y luego están Gabri , igual que hay madres y luego estoy yo. Y ojalá mis hijos nunca se vayan de casa , no me molesta el poco trabajo que dan , me compensa el amor que recibo a cambio aunque a veces nos peleemos a grito pelado.
    Et trobo i et trobaré molt a faltar carinyo. Pero quan tornis aquest estiu et juro per deu que tornaré a montar el puto arbre de Nadal i farem el nostre mitic sopar !!!!!

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