Vacaciones en el sur, cuarta parte: de camino a Hangzhou

Día 8: despedidas, el lago del Oeste y cenas en español

Guofeng recién levantado casi no tiene ojos.

 

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Pensativo.

 

Hablamos de nuestros planes. Guofeng se va a Suzhou (desde donde yo he llegado a Shanghái) y después de dos días se va a Hangzhou (adonde yo voy hoy). Qué mala pata, podríamos haber coincidido más de medio viaje en tres ciudades distintas. C’est la vie. Nos vestimos y hacemos el check-out. Yo iré a desayunar y mataré el tiempo paseando. Guofeng se va en un rato. Nos damos un abrazo y nos despedimos y yo ya me siento un poco vacío. Por eso no me gusta hacer amigos de esta manera. Mírame ahora, que he hecho amigos en todas las ciudades en las que he estado y a todos les he tenido que decir adiós.

Fuera está el gato del hostal, asustado como siempre.

Salgo desde la Estación de Shanghai Sur (Shanghai Nanzhan; 上海南站) y llego a la Estación de Hangzhou Este (Hangzhou Dongzhan; 杭州东站) por la tarde. La estación de metro en la que me tengo que bajar está bastante bien situada, así que solo tendré que andar un rato con las mil cosas que llevo encima. Parezco un preadolescente que se ha fugado de casa. No he necesitado nada de la ropa de abrigo que me llevé de Pekín, y con las superbotas de agua de pescar ranas que me compré en Nanjing y que solo usé un día porque me destruyen los pies pues tuve que comprar una bolsa para ponerlo todo. Pero es que no quería gastarme dinero en una mochila más grande porque ya tengo una en casa, ni quería comprar una maleta porque ya tengo tres, así que compré una bolsa del Walmart de dos yuanes de esas que no son ni de papel ni de plástico, pero que aguantan quilos y quilos de comida. Pues esa me compré, en verde lima (la otra opción era naranja Ciudadanos, así que no. Y este verde no era verde Vox, así que la decisión estaba tomada desde el principio). No la tenían en negro azabache o azul medianoche. Y ahora voy por la vida con una mochila del Decathlon, una bolsa verde del Walmart y una bolsa tote con un estampado precioso de caligrafía china que compré en el Museo de Shanghai porque la necesitaba. También voy en chándal y llevo mi collar budista. Un cuadro, vaya. Mi hostal está a diez metros del lago del Oeste (Xi Hu; 西湖) de Hangzhou, que es la zona, junto con las colinas que hay junto al lago, en la que se encuentran la mayor parte de lugares interesantes de la ciudad. El hostal se llama 杭州柳湖小筑国际青年旅舍 (Hangzhou Liuhu Xiaozhu Guoji Qingnian Lushe; Hangzhou Willow Inlake International Youth Hostel, creo recordar que algo así era el nombre en inglés) y está en 杭州市上城区南山路绿杨路5号 (Hangzhoushi, Shangcheng Qu, Nanshan Lu, Luyang Lu 5; Calle Luyang 5 con Calle Nanshan, Distrito de Shangcheng, Ciudad de Hangzhou).

Hago el check-in a toda prisa (es decir, en 40 minutos porque todo quisqui se acerca a pegar la oreja para escucharme responder a las mil preguntas personales que me hace la recepcionista) y me voy. He quedado con Elionor, una compañera de la FTI en Barcelona que está en la Universidad de Zhejiang de intercambio. 百度地图 dice que el autobús tardará unos minutos en llegar, pero que hasta la universidad me queda una hora de viaje. Intento parar un taxi, pero dos aceleran en cuanto se paran y les digo que voy a la Universidad de Zhejiang. Me dicen que no puedo ir allí, o que ellos no pueden o que no quieren, no lo sé, no lo acabo de entender. Otros dos se paran pero se van en cuanto ven que soy extranjero. Pero el quinto taxi se para y me recoge. Gracias, gracias, gracias, señor taxista, nadie me quería recoger y no entendía por qué. Me dice algo, creo que es el porqué, pero no lo entiendo. Le digo que ah, ok, no lo sabía. No pone cara rara, así que supongo que he contestado algo con sentido.

Cuando Elionor y yo nos encontramos en una de las puertas de entrada del campus nos damos un abrazo a la catalana. Me presenta a su amiga, una chica mejicana que vivía en Francia y que ahora está de intercambio aquí en Hangzhou. Vamos a cenar a un restaurante barato pero de los buenos, y como divinamente por algo más de 20 yuanes (menos de 3€).

Se me hace raro hablar en español, como que se me ha olvidado, pero también es una buena sensación la de poder expresarte en tu idioma y no tener que hacer malabares para hacerte entender. Hablamos de cómo es la gente en el norte y aquí en el sur. Y lo cierto es que coincidimos bastante: la gente del sur es un gran encanto en su mayoría. Los del norte no es que sean malas personas, es que a veces parecen un poco secos (aunque en Pekín hay de todo), y en el sur es que son muy abiertos y majos.

Mañana me levanto temprano, así que vuelvo al hostal en taxi. Los tres nos despedimos con un abrazo y quedamos en que en algún momento nos volveremos a ver en Pekín.

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Día 9: ronquidos, Starbucks, niebla, excursiones y huesos rotos

No he hecho amigos en la habitación de este hostal y no creo que vaya a hacerlos. Son las 5:00h y a un metro de mí hay un chino de 200 kg roncando como si fuese a estallar. Supongo que no es su culpa, pero de lo que sí estoy seguro es de que tampoco es la mía. Parece una locomotora. Pienso en si serviría de algo clavarle uno de mis bolígrafos Muji en la garganta para hacerle una traqueotomía. No, mira, lo siento, que es que pensaba que te morías, y en Anatomía de Grey es esto o la epinefrina, y aquí solo tengo Gelocatil y calcetines sucios agujereados. Vuelvo a caer en coma pero me despierto cuatro, cinco o seis veces más en tiempo récord. Pierdo la cabeza y una de las veces que me despierto tiro al suelo la silla del escritorio de uso común de la habitación. El estruendo es tal que creo que el hostal entero se ha despertado. Yo me hago el dormido y cuando el tanque chino deja de roncar se me calma un poco la ansiedad.

Me levanto a las 8:45h, me visto y me voy de esa habitación maldita. El chino todavía ronca, así que cierro con un portazo vengativo.

Cae una fina llovizna y estoy un poco triste, así que decido ir a buscar un sitio en el que sentarme a desayunar en lugar de coger algo para llevar. Empezaré la excursión un poco más tarde. Junto al lago hay una zona de cafeterías preciosamente integradas en el entorno del parque. La mayoría de locales son estructuras de acero con unas cristaleras enormes, sin muros. Encuentro el Starbucks más bonito del mundo y decido que me merezco un premio. Me pido mi 中杯豆奶抹茶拿铁一点点热, un croissant enorme con pollo y huevos revueltos y una tarta de frutos del bosque con nata y bizcocho de cacao. Se me pasa un poco la depresión y me desperezo.

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Al final decido que no alquilaré una bicicleta como tenía pensado porque quizás se pone a llover en plan feo, porque me quiero tomar el día con calma y porque ayer intentaron estafarme. Antes de coger el taxi para ir a cenar con Elionor intenté alquilar una bici para ir yo mismo hasta la universidad y para pasar el día de hoy desplazándome en bici, así que pregunté en una tienda cochambrosa muy poco oficial regentada por un matrimonio de ancianos que exhibía un cartel en la puerta avisando al personal viajero de que ofrecían bicis para alquilar. ¿Un día? Pues después de pensar un poco me dijeron que 100 yuanes (13€). No es nada en euros, pero en yuanes es demasiado. Son 10 comidas en la cantina de mi universidad. Vas a timar a tus padres, amigo, le digo en español sonriendo, y luego sigo en chino. Sé que me intentan engañar. Les estoy hablando en chino y quieren engañarme, esto es alucinante. Pero qué se han pensado. No sé cuál es el precio real de un día de bici (luego me enteré de que está entre los 20 y 30 yuanes, menos de 4€), así que decido que me prepararé cuando vuelva a casa y mañana iré a regatear. No me dejan irme. Siéntate, siéntate, entra en casa. Entro en casa pero no me siento; les digo que eso es un precio desorbitado. Se ríen como chinos estafadores (la risita más horrible del mundo) y me preguntan que por qué lo sé. Tengo que inventarme algo rápido. Alquilé una en Pekín por 60 yuanes. A la señora se le escapa una risita que dura medio segundo, pero al instante sé que he perdido. Vale, me dice. Confirmado, he perdido. Si regateas con un chino y dice que vale es que todavía está ganando por lo menos el doble de lo que en realidad tendría que estar ganando. Bueno, por lo menos ahora sé el precio normal… quién sabe, quizás incluso vale menos de 20 yuanes y todavía estaría pagando de más si pagase 30 yuanes. En todo caso, no puedo seguir regateando porque perdería 面子 (Mianzi; cara, pero con el sentido de prestigio y estatus social. Es un concepto muy importante en China. Hay cosas que no se pueden hacer porque estarías «perdiendo cara», y eso es lo peor del mundo) después de haber dicho que en Pekín pagué 60 yuanes, así que digo que vale, y cuando me dicen, obviamente, que hay un depósito contesto que no tengo suficiente y que volveré mañana. Va a volver tu vecino. Nada, no quiero bici.

Así las cosas, la barriga llena y los ánimos medio restaurados, me voy de la cafetería.

Paseo un poco por la orilla del lago y en el embarcadero compro un billete para ir hasta una de las islas del lago, la isla de Xiaoying (Xiaoying Zhou; 小瀛洲). Es una isla pequeña pero preciosa, y allí hay los Tres estanques que reflejan la luna (Santan Yinyue; 三潭印月).

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Desde allí me dirijo a la isla de Gushan (Gushan Dao; 孤山岛), en la cual visito el parque de Zhongshan (Zhongshan Gongyuan; 中山公园) y el palacio de vacaciones de los emperadores de la Dinastía Qing.

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De vuelta a la entrada del palacio empieza a llover un poco, así que saco el paraguas. China es el país de las escaleras de piedra pulida, y miles de personas se han matado cayéndose por ellas, estoy seguro. Pero yo llevo mi collar budista, así que cuando me resbalo, la gravedad desaparece y el cielo gris pasa a ser lo único que ven mis ojos tengo el reflejo de acercar la barbilla al pecho para no darme de cabeza contra el canto de las escaleras por las que he bajado. Cuando consigo levantarme estoy llorando y gritando de dolor. Me he dado en todo el coxis contra el canto de una de las escaleras. Ahora me duele tanto la cintura que no me doy ni cuenta, pero mañana también me dolerá la espalda justo debajo del omóplato izquierdo, donde también me he golpeado. También me he hecho daño en el brazo izquierdo, pero son unas pocas heridas y apenas sangro. Lo que me duele de verdad es el culo. Creo que me he roto algo. Cojeo hasta un pabellón con unos bancos mientras lloro como una magdalena. No hay nadie cerca. Después de unos minutos se me pasa el soponcio, me seco las lágrimas y me levanto. Joder, creo que sí que me he roto algo. Me bajo los pantalones hasta las rodillas, en uno de los pabellones del palacio de verano de los emperadores de la Dinastía Qing, con la ropa mojada y sucia de barro, y hago como que no soy de letras y sé lo que hago e intento ver si me he roto algo o no. Y yo qué sé, me duele demasiado. Salgo del palacio todavía cojeando, pero todavía me queda mucha excursión, así que me trago las lágrimas y si me he roto algo pues ya se curará.

Después de descansar un rato y de comer unas deliciosas tortitas rellenas de arroz, carne de cerdo y brotes de bambú empiezo la segunda parte de mi excursión.

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Visito durante un rato el jardín de Quyuan (Quyuan Fenghe; 曲院风荷); luego, vuelvo sobre mis pasos y retrocedo hasta la calle de Qixialing (Qixialing Lu; 栖霞岭路), desde donde llego hasta los senderos que me llevarán hasta la cueva de Ziyun (Ziyun Dong; 紫云洞), la Terraza del amanecer (Chuyang Tai; 初阳台), el templo taoísta de Baopu (Baopu Daoyuan; 抱朴道院) y el Templo del dragón amarillo (Huanglong Si; 黄龙寺).

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De vuelta tengo que pasar por los mismos senderos y luego travieso la pasarela de Su (Su Di; 苏堤), paseo por los jardines alrededor del Estanque de las carpas rojas (Huagang Guanyu; 花港观鱼). Luego, tomo la sección sur de 南山路 hasta la colina de Xizhao (Xizhao Shan; 夕照山), donde hay la pagoda de Leifeng (Leifeng Ta; 雷峰塔), la cual iluminan por la noche con decenas de focos.

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Llego al hostal bastante tarde, dejo las cosas y salgo a cenar a un restaurante recomendado en mi LP pero que al final resulta ser bastante mediocre. Sin embargo, una vez en el hostal me siento en la cafetería y me tomo un té de flores mientras hablo con el personal de la cafetería y la noche mejora bastante.

 

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El chico insiste en ponerme más agua caliente en la tetera.

 

Pongo mi diario de viaje al día y me voy a dormir.

Se ha acabado mi viaje, mañana vuelvo a Pekín.

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