Vacaciones en el sur, segunda parte: de camino a Suzhou

Día 4: Feng, jardines y una casera adorable

En China se suele decir «上有天堂,下有苏杭» (Shang You Tiantang, Xia You Su Hang; En el cielo está el paraíso y en la tierra están Suzhou y Hangzhou). Y qué razón tienen los jodidos.

Llego a la Estación de trenes de Suzhou (Suzhou Zhan; 苏州站) (desde la Estación de trenes de Nanjing (Nanjing Zhan; 南京站) después de dos horas de tren (viaje muy corto si estás en China). Mi reserva es de asiento duro, que son los más baratos. Pensaba que serían una mierda, pero resulta que no son tan incómodos como los pintan. En realidad, para que os hagáis una idea, son como los del metro de Barcelona pero cubiertos con fundas. Es decir, como los de los FGC de Barcelona. A mi lado tengo a una china que habla algo que parece la lengua del demonio y no entiendo nada. Y delante tengo a una pareja de jóvenes y a un matrimonio. Me miran cómo escribo contantemente, esos cuatro chafarderos. Llego a Suzhou y cojo mi mochila y mi bolsa de gitano del Family Mart (donde llevo el anorak que todavía no he necesitado, y la bufanda, y las botas de agua, y las cositas que he comprado) y voy a buscar el metro. Compro los billetes y soporto durante el 99% del trayecto las miradas descaradas de todo el vagón. ¿Es porque voy cargado como un burro y parezco un sintecho? ¿Porque soy extranjero? Quizás es por ambos motivos.

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Delante del hostal en el que pasaré las dos próximas noches me espera Feng Shuqin, un amor de persona que estuvo de intercambio en la UAB y que estudia en la Universidad de Suzhou. Pasaremos juntos estos dos días y medio que estaré en Suzhou. Cuando me ve se acerca corriendo y me salta encima. Es que es un verdadero amor, de verdad. Subimos al hostal, hacemos el check-in, la casera me pregunta que por qué en el pasaporte tengo tanto pelo y ahora no. Pues no lo sé, se lo preguntas a Mao. Luego, por la noche, cuando vuelva al hostal me daré cuenta de que en realidad es una bellísima persona.

Feng y yo iremos al Jardín del maestro de las redes (Wangshi Yuan; 网师园); luego, iremos a ver la Universidad de Suzhou y finalmente pasearemos por la mítica calle de Pingjiang (Pingjiang Lu; 平江路), una de las calles antiguas de Suzhou y una de las más famosas.

El Jardín del maestro de las redes es el más pequeño de Suzhou y es uno de los mejores conservados de la ciudad. Se diseñó en el s. XII y se restauró en el s. XVIII como parte de la residencia de un funcionario retirado que se dedicaba a la pesca.

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Hay bastante gente, pero es soportable. Además, lo mejor de estos sitios en realidad son los chinos. Cuando un chino va a un lugar tradicional se viste con ropa tradicional y se hace mil fotos horteras con posturas de 假富人 (Jia Furen; palabra creada por mí y Feng. Literalmente «falsa persona rica», y significa eso, una persona que quiere parecer rica pero que en realidad es más pobre que un estudiante de intercambio español) para luego enseñárselas a todo el mundo.

La Universidad de Suzhou es un campus pequeño pero precioso y lleno de zonas verdes para sentarse en preciosos pabellones y descansar.

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La calle de Pingjiang es una de las calles tradicionales chinas que todo viajero debe visitar. Se puede pasear por allí durante algunas horas, hay mil tiendas con mil cosas (algunas a precios desorbitados, y en general no hacen descuentos…) y es muy entretenida. Creo que lo mejor es ir allí hacia las 14:00h y pasear un rato hasta que se hace de noche. Algunos locales encienden farolillos rojos y si durante el día la imagen de gente paseando y de bebés chinos corriendo por los puentes de piedra con el culito al aire es preciosa, cuando se hace de noche y la luz roja de los farolillos se refleja en la superficie del agua de los canales y de las hojas de los árboles es todavía mejor.

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Mientras caminamos vemos un pequeño callejón y decidimos ir a explorar. Al final del callejón hay una plaza minúscula que distribuye la zona en tres casa. Hay cosas por todos lados, basura por doquier y un montón de plantas horrendas con frutas con forma de pepino. Pero las casas son preciosas, antiguas. De golpe sale una señora y nos ponemos a hablar con ella. Nos encantan las casas de estilo tradicional y queríamos mirar un poquito, le decimos. Nos sonríe. Y entonces, de golpe, aparece por detrás de la anciana un niño de unos dos o tres años andando a trompicones, con el culo al aire y con una cuchara de esas enormes que se usan para remover el arroz chino. El niño va cogiendo granitos de arroz de la cuchara y se los va comiendo. Nos mira impasible, interés = 0. Pero es la cosita más adorable del mundo. Intento hacerme una foto con él y la familia entera se junta para presenciar el momento, pero el pequeño demonio pone cara de asco y se va, así que seguimos nuestro paseo despidiéndonos con mil reverencias y agradecimientos varios.

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Cosita bonita.

Cuando ya nos empezamos a morir de hambre Feng y yo vamos a un restaurante chinochino y bueno y barato que le encanta y nos marcamos un «cliente chino». Es decir, pedimos más comida de la que tres personas podrían comerse, lo ponemos todo en el centro de la mesa y vamos cogiendo lo que queremos directamente de cada plato sin asco ninguno. Para pagar hacemos un AA (pagar a medias). De vuelta se pone a llover como si fuese el fin del mundo pero el novio de Feng, un estudiante de filología francesa con el nombre francés de Fabian, nos viene a buscar con DOS paraguas para que no nos mojemos. Es un amor de chino, demasiado buena persona como para ser de este mundo y tiene un acento francés perfecto. Todavía alucino, porque en serio que no existen chinos que no hayan ido nunca a Francia y que hablen bien en francés (o cualquier idioma extranjero, en realidad). Le digo a Feng que su novio es un «hombre de provecho» y le explico qué significa.

En el hostal me encuentro con la casera. El hostal se llama 苏州乐居客青年旅舍 (Suzhou Lejuke Qingnian Lushe; Suzhou Youth Hostel) y está en 苏州吴中区金鸡湖路183号 (Suzhou Wuzhongqu Jinjihu Lu 183; Distrito de Wuzhong de Suzhou, calle de Jinji 183) .Hay un montón de chinos sentados alrededor de la mesa principal del comedor. Todos hablan sin cesar, pero cuando me acerco a hablar con la casera todo el mundo se calla y de repente soy más importante que el mismísimo presidente. Ahora tengo cinco minutos antes de que pase el momento de vergüenza china y todo el mundo empiece a hacerme preguntas y a adorarme. La casera me explica cómo funciona todo lo del hostal, me cuenta que me ha puesto en una cama de las de abajo (esta mañana me ha dado una de las de arriba y con la cara que he puesto lo he dicho todo), y luego me ha dado un tour por el resto del hostal. Cuando acabamos bajamos al comedor y ya está todo el mundo preparado para preguntarme cosas. Qué estudias en España, cuáles son tus notas, cuánto cuesta un año de universidad, qué países has visitado, por qué estás en China, a qué universidad vas, qué quieres hacer cuando acabes, tienes un nivel de chino muy bueno, qué ciudades has visitado, qué has visitado en estas ciudades, qué has visitado en estas ciudades, hoy qué has hecho, y mañana qué harás, y pasado mañana qué harás. Después de un rato de conversación superficial los que solo estaban allí para saber cosas de mí ya saben suficiente y se van, así que ahora queda la gente que con la que se pueden tener conversaciones interesantes. Discutimos sobre el mundo, Europa, España y China. Hablamos de nuestros gobiernos y de la historia reciente de nuestros países. Estamos muy cerca de Nanjing, y yo vengo de allí, así que hablamos sobre la ciudad y sobre la guerra. Usan palabras muy sencillas para hablar conmigo, así que nos entendemos bastante bien. Luego, yo les hablo de Cataluña, de Barcelona y del procés. La Gene me tendría que poner en nómina. Es un tema delicado (por la relación de China con Taiwán), pero se ríen y comentan que bueno, que España es otro lugar, con otra historia, y que si es lo que queremos que luchemos por ello.

Me voy a duchar a las tantasmil. Me acerco un poco a la casera cuando el resto de chinos están despistados. Laobanniang, soy un desastre y no tengo ni zapatillas, ni champú, ni pasta de dientes… En cinco minutos me lo consigue todo. Es adorable, de verdad, y tiene una mirada tan sincera y buena que ojalá poderme quedar aquí para siempre.

Día 5: más jardines, gente por doquier y la mejor comida del mundo

Mis bambas están más mojadas que ayer, pero ponerme las botas de agua de ir a pescar ranas que me compré en Nanjing cuando se estaba acabando el mundo no es una opción, prefiero la neumonía. O ir a un Muji que hay en un centro comercial que tenemos a cinco minutos del hostal. Me encuentro allí con Feng, la estoy esperando con mi 中杯豆奶抹茶拿铁一点点热 (Zhongbei Dounai Mochanatie Yidiandianre; Small size soy milk matcha green tea latte a little bit hot) porque soy un snob. Me compro unas zapatillas bonitas y volvemos al hostal a dejar las mojadas. Ahora ya no me moriré. Hoy iremos al Jardín del administrador humilde (拙政园; Zhuozheng Yuan), a ver la pagoda del Templo del norte (Bei Si Ting; 北寺亭) y a pasear por el jardín en el que se encuentra el Pabellón de la ola azul (Cang Langting; 沧浪亭).

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Por primera vez en todo el viaje se nota que es la semana de vacaciones por el Día Nacional, porque en el jardín debe haber unas cinco mil personas, y otras setecientas esperando fuera. Surrealista. ESTÀ PLE DE GENT. Uno de los jardines más bonitos del mundo y lo único que veo son demonios de tres años corriendo y pegando a sus padres y a señoras vestidas con ropa tradicional haciéndose photoshoots o a 假富人 haciéndose fotos tal que así.

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Con el audioguia y sujetando una ramita de matorral. Digna.

Puedo sacar algunas fotos haciendo que parezca que no hay gente, pero esto está petado, así que no tardamos mucho en irnos.

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La pagoda del Templo del norte.

Feng ha encontrado un jardín cerca de la muralla de la ciudad en el que se supone que nunca hay demasiada gente, así que vamos allí.

Efectivamente, hay mucha menos gente, así que se puede pasear y no es desagradable. Me encantan los jardines de Suzhou. Son todos muy parecidos, si has visto dos los has visto todos, pero me gustaría tener tiempo de ir a todos y pasear y sentarme en bancos y pabellones. Algunos jardines tienen muros altos y rectos, como si fuesen las murallas de una capital, pero otros tienen secciones onduladas coronadas con estatuas de dragones larguísimos que las recorren hasta las puertas. Podría vivir en esta ciudad. Me compraría una casita vieja con muros exteriores, patio interior y un patio exterior adoquinado para poner la silla plegable y leer con tranquilidad.

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A la hora de comer paramos en un restaurante que Feng conoce y pedimos unos 小笼包 (Xiaolong Bao; Empanadillas al vapor) que me cambian la vida. No tengo fotos porque es que cuando me los ponen delante me olvido de todo lo demás, pero son de carne de cerdo al vapor y DENTRO de la empanadilla hay una especie de caldo de carne que es lo mejor de la vida. Cuando los muerdes tienes que sorber como un chino para que no se te derrame todo por encima. Y así lo hago. De verdad que parezco chino de verdad. Pero me da igual, podría comer estas cosas cinco veces al día.

Por la noche vamos a cenar a un restaurante cerca de mi hostal, Feng lo conoce y dice que está muy bien. Y lo está. No sé qué pasa hoy, pero solo comemos cosas buenas, estoy tan encantado de la vida, soy tan feliz. Hay unos italianos a nuestro lado, y siempre que los extranjeros nos vemos por China nos saludamos, supongo que necesitamos calor extranjero de vez en cuando, tanto chino 24/7. Nos pedimos una carne de cerdo con muuuuchas especias raras, unos fideos con kimchi, una cazuela de patatas asadas con bacón al estilo chino y un par de boles de arroz. Y gozamos como unos jabatos. Los camareros son un encanto y me dicen que mi chino es muy bueno. Gracias, gracias. Cuando nos vamos ya están recogiéndolo todo, somos los últimos comensales del día. Ahora ya pueden irse a casa. No sé si son todo sonrisas porque les hemos caído bien o porque ya pueden volver con los suyos, en realidad. Pero son encantadores y en China los trabajadores del sector de hostelería trabajan como esclavos. Como en España, vaya. Así que siento simpatía por ellos.

Mañana al mediodía me voy a Shanghái. Me encantaría quedarme con Feng, pero mi viaje todavía no ha acabado.

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